Las niñas maquilladas también lloran

Hay oportunidades en las que una buena sombra, rouge o lápiz labial brilla en una calle, pero aún no se han inventado los impermeables, esos que no tapan los defectos de las que los usan. De repente se puede divisar en un vagón del metro a una que otra niña, que al fragor de su infantil protección contra los vaivenes avanzados del desarrollo económico individual, con siete centímetros de madera en los pies para aparentar mayor altura física, no entrega una altura de miras para ocultar los temores y penas que se llevan por dentro. Las procesiones que buscan responder a las devociones colmadas de azúcar y mantequilla, con gotas de vainilla con una caja metálica que adorna perfectamente los resquemores que se enfrentan día a día, no pasan más allá del dolor, llanto o desahogo que provoca que ese metal se oxide con una lágrima, que se le niega el paso natural por los surcos del rostro, entre valles de material químico obtenido con el mismo sudor que se lleva en el transporte. Entonces, las emergencias no responden a los que necesiten ayuda oportuna, por que ese velo facial - artificial termina por generar una huella indeleble, como a ese cuadro de una muestra de arte bañado por algún líquido que no tiene atenuantes, se distribuye por el torrente de subjetividades que implica manifestar los sueños de las mujeres. Más queda reconocer que a cada una de las personas que aceptan las reglas del juego, que según la gente se va a acostumbrar a verte así, solo queda decirles que no necesariamente se pondrán maquillaje cuando quieran convencer, sino que cuando quieran salir a flote de una tempestad profunda y sincera.

Comentarios