Zarpazos de Invierno

Quién pensaría que la hoja de papel también corta

Muchas veces imaginé que cada vez que llegaba el invierno iba a ser algo mas llevadero, debido a que supuestamente, tengo más años en el cuerpo y puedo intuir el frío externo. Pero, esta vez, viví una temporada cambiada, una primavera en marzo, un otoño en diciembre y un invierno en enero... ¿Quién lo pensaría así? A mi no se me hubiera ocurrido algo distinto.
El frío no fue exterior, sino que interior, sintiendo que cada pensamiento o gota de sudor de mi cuerpo podría congelar todos los momentos en un propósito, cual molino que gira por el impulso de otra fuerza, me movía en sentido contrario a lo que me proponía.
Se perdieron muchas cosas en el camino, se perdieron miedos, temores, fracasos, sinsabores, juicios errados, amistades abyectas y perspicaces. Sin embargo, gané el levantar la cabeza, poder sacar las manos como un ahogado en el mar, en ese océano que quise ingresar sin medir consecuencias. A más de alguno puede que haya pasado por esto, pero no es comparable hasta que debes reaccionar a los estímulos mientras los medicamentos de estrella verde se apropian de tí, generando una realidad paralela, con taquicardias, mareos, sudores y molestias te llevan, y mientras tanto, no te detienes a descansar por kilómetros de distancia, huyendo o avanzando, de esas carabelas que cruzan la niebla esperando encontrar tierra firme o un tesoro efímero.
Finalmente cada uno sabe de los pozos y de los montes en los cuales debe detenerse a contemplar, mirar, fijar tu vista, o simplemente, saltar para que cada minuto siga su pulso. Por eso lo que hice fue caminar todos los días, sin un rumbo claro, solo teniendo música, Bolaño, café, pastillas y contención donde pidiera tenerla.
Ahora he vuelto a sentir el calor del verano...

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