Ahogado en el Mar

A mi nunca me ha gustado nadar

ya que requieres sincronizar muchas habilidades motoras al mismo tiempo, como estar varios minutos lidiando con el avance de tu propio peso en un líquido que transforma algo torpe en una masa sinuosa que se mueve con la corriente que generan tus movimientos o actos dentro de una piscina, lago, río o en el mar.
Para eso de lanzarse al mar y avanzar donde uno quiere se requieren agallas, que mejor dicho de esta manera, si tienes el horizonte fijado puedes lograr que eso se cumpla.
Quise ver si esto era netamente algo físico o una virtud que no había desarrollado cuando niño, si había algo de azar en cada una de las brazadas que podría dar en un ambiente controlado, temperado, protegido, calculado... como siempre he buscado. Pero esta vez, había una línea divisoria que no supe percibir, esa es la de nadar sin sentido de nada ¿Qué había hecho todo este tiempo? ¿Temor al vacío? ¿Miedo a lo inconcebible?
Siempre quise saber donde me podría mover para vencer a las inseguridades, de ese castillo feudal que no dejaba compartir las riquezas al vasallaje agónico de los escenarios posibles. Un romántico de los sueños inconclusos, eso me había transformado, ostracismo de la realidad indescriptible de la cabeza que no se atrevió a tomar decisiones mas triviales por burdas que pareciera.
Ahora que estaba solo y ahogado en el mar comprendí el sentido de llegar aquí, que es de adaptarse a tu entorno según las necesidades, las mareas serán mi destino, la fe inquebrantable en el querer ser, como un nihilista mas, o estar de más?
Entonces el mar entendió que lo sorprendente es el valor agregado que le da el naufrago en su propia desventura, convivir en que los años de la marea alta fueron de empuje a otra manera de avanzar, de nadar a algo mas que la nada. 

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